El futbol no es sólo un deporte; es un lenguaje universal que el cine ha sabido traducir a imágenes potentes. Desde la épica bélica, hasta la comedia fantástica, la pantalla grande ha capturado la esencia de lo que significa correr tras un balón: la búsqueda de redención, el orgullo nacional y la unión familiar. A través de algunas películas, exploraremos cómo el «deporte rey» se convierte en el escenario perfecto para las historias más humanas.
El balón como espejo: libertad, comunidad y ambición en el cine
El futbol y el cine comparten una naturaleza eléctrica: ambos dependen de un guion impredecible, de héroes inesperados y de la capacidad de mantener a una audiencia al borde del asiento hasta el último segundo. Sin embargo, más allá de la técnica y los goles, la pantalla grande ha recurrido a este deporte para explorar las dimensiones más profundas de la condición humana: sociales, políticas y culturales.
A través de la historia del cine, el campo de juego ha dejado de ser un simple rectángulo de césped para convertirse en un escenario rectangular transformado en pantalla. Es una eterna batalla entre dos grupos de personas, dos equipos con condiciones distintas e ideologías diferentes; estas batallas por la libertad las vemos en la épica resistencia de Evasión o victoria. Ha sido el pegamento de la comunidad, ha devuelto la inocencia y el propósito a un pueblo entero en la entrañable cinta Atlético San Pancho. Y también ha funcionado como el espejo de la ambición y la fragilidad del éxito, retratando luces y sombras de la fama en la cruda y cómica Rudo y Cursi.
Entrelazar estas historias es entender que, cuando el balón rueda, no sólo se busca la portería contraria; se busca una identidad, un lugar en el mundo y, sobre todo, la oportunidad de cambiar el destino con un toque de balón. Se juega una ideología y hasta el final de una guerra, o esta misma se entrelaza en cuestiones complicadas, como lo vemos en estos momentos con el mundial. Debido a las reglas de la FIFA, la selección de futbol de Irán no puede (pero debe) jugar sus partidos legalmente ganados dentro de Estados Unidos, el país que le ha declarado la guerra y al que, según las reglas de la propia FIFA, se le debería sancionar con la suspensión del mundial por ser una de las sedes. Queda claro que esta federación privada permite todo e incluso otorga el primer premio de la paz del futbol al presidente Donald Trump.
Lo expuesto en el párrafo anterior se asemeja a un guion de película que podemos entrelazar con un par de cintas realizadas a partir de hechos reales.
Primer acto. La resistencia y el honor: de la guerra a la cancha
El futbol ha sido, como parte de la ficción basada en la realidad, una herramienta de libertad. Dirigida por el legendario John Huston, en Evasión o victoria (1981) vemos la máxima expresión de estos sucesos: la película es recordada no sólo por su trama de suspenso y guerra, sino por reunir a grandes estrellas del cine con leyendas reales del futbol. En este contexto, son prisioneros de guerra que forman una alianza: británicos, como Michael Caine; el estadunidense Silvester Stalone; los jugadores Ardiles, Pelé, Bobby Moor, representando a países aliados que desafían al régimen nazi y al equipo nacional alemán. La presencia de Pelé, quien realizó en esta película una de las chilenas más famosas de la historia del cine, aporta la magia técnica; no es un truco de cámara, es la técnica pura de O Rei capturada para la posteridad. Por su parte, Stallone representa el espíritu de lucha: es el portero de esta selección, aun sin entender el soccer, ya que hasta ese momento únicamente ha jugado futbol americano, como símbolo de Estados Unidos.
Se trata de una historia que glorifica a los aliados a partir de un partido de futbol en el campo de concentración donde están presos; logran derrotar a los alemanes y por tal motivo el partido es el distractor para que otros presos puedan hacer un túnel para escapar por el baño, mientras la afición invade el campo motivada por la alegría del partido, como diciendo «es un gran triunfo del futbol ante la guerra», que es algo que se estará esperando en el mundial 2026: que el presidente Trump declare por terminada la guerra contra Irán.
Otra película con esta tónica, del director Sónke Wortman, es El milagro de Berna (2003), que muestra la otra cara de la moneda: la reconstrucción de una nación herida. Aquí, el Mundial de 1954 es la excusa perfecta para que un padre y su hijo se reencuentren tras los horrores de la Segunda Guerra Mundial, demostrando que un gol puede sanar el orgullo de todo un país y retratando que, a partir del futbol, una nación, Alemania Occidental, busca reconstruir la identidad de su pueblo.
En el verano de 1954 la Unión Soviética empieza a liberar a sus prisioneros de guerra. Entre ellos está Richard, el padre de Matthias, un niño de once años apasionado por el futbol que vive con su madre y sus hermanos en una ciudad minera de Alemania del Este. Durante estos años, el niño ha sustituido la figura de su padre por el futbolista Helmut Rahn, quien a su vez lo ha tomado bajo su protección. El regreso de Richard, destrozado por tantos años de cautiverio, ensombrece la apacible vida de la familia, entre otras cosas, por las serias dificultades que tiene para adaptarse a las condiciones de la posguerra. Además, en Berna, Suiza, está a punto de comenzar la Copa del Mundo, y mientras Matthias espera con entusiasmo el acontecimiento, el futbol no genera ningún interés para Richard. Un conflicto familiar unido por la guerra y el futbol que deja entrever que este deporte es el medio de unión familiar idóneo para regresar a una normalidad que ya no es normal y obliga a la reconstrucción: como familia, como nación y como identidad, cuando Alemania estaba dividida en dos naciones.
Mencionaré brevemente otras películas y documentales sobre futbol y me centraré en algunas cintas que considero importantes para entender la dicotomía entre el juego, la sociedad y la cultura a partir de un balón.
The Damned United (2009): Explora la intensa y breve gestión de Brian Clough al frente del Leeds United en los años 70. Es una joya para entender la psicología del director técnico.
Pelé: El nacimiento de una leyenda (2016): Sigue los primeros años de O Rei, desde su infancia hasta que ganó su primer Mundial con 17 años.
Diego Maradona (2019): Un documental espectacular de Asif Kapadia que se enfoca en los años del Diez en el Nápoles.
Il Divin Codino (2021): Película biográfica sobre Roberto Baggio, uno de los jugadores más elegantes y queridos de Italia.
Para cerrar el primer acto tenemos la película Next Goal Wins (2023). Dirigida por Taika Waititi, cuenta la historia real de la selección de Samoa Americana, considerada la peor del mundo, en su lucha por clasificar al Mundial. La película destaca por su estilo visual colorido y la actuación de Michael Fassbender como el entrenador Thomas Rongen, junto al carismático equipo que busca anotar su primer gol oficial. La historia es narrada desde la visión del entrenador, un personaje exitoso que cae en desgracia y al que no le queda más que aceptar el trabajo de entrenar a esta selección. En realidad no le interesa el equipo, deja que los jugadores hagan lo que quieran y se resiste a aceptar que su tradición y su cultura estén llenas de bailes y elementos comunitarios que los orilla a pensar en comunidad, en oposición a la cultura del individualismo estadounidense.
De la selección de Samoa Americana recordamos que, ante todo, el futbol es dignidad. La historia del equipo «perdedor» que se niega a rendirse nos recuerda que el éxito se mide por la resiliencia, no únicamente por el marcador. Cuando por fin logran anotar ese gol que estuvieron buscando por años, el equipo se supera, se transforma y se vuelve un personaje importante, demostrando que no importa el tipo de gente, de ideología o cultura: todos podemos jugar bien al futbol.
Segundo acto. Historias que utilizan el futbol como motor emocional, ficción y drama
Trilogía ¡Goool! (2005): Se centra en la historia de Santiago Muñez, un joven mexicano que vive en Estados Unidos y viaja a Inglaterra para probar suerte en el Newcastle United.
Quiero ser como Beckham (2002): Una joven de origen indio en Londres desafía las expectativas de su familia para perseguir su sueño de jugar futbol profesional.
Hooligans (2005): Muestra el lado oscuro y violento de las barras bravas en Inglaterra, centrada en la afición del West Ham United.
Sunderland ‘Til I Die (Serie documental): Serie fundamental para entender la pasión y el sufrimiento de una afición local.
Me centraré en la película Rudo y Cursi (2008). Es una excelente película mexicana protagonizada por Gael García Bernal y Diego Luna sobre la rivalidad de dos hermanos futbolistas profesionales. Rudo y Cursi es la cara cruda, satírica y profundamente humana de este deporte. Bajo la dirección de Carlos Cuarón, aquí se maneja la ascensión y la caída de los personajes. La película disecciona cómo el futbol profesional en México puede ser una vía de escape rápida de la pobreza, pero también una trampa de excesos, apuestas y malas influencias.
Beto y Tato Verdusco son dos hermanos que trabajan en la siembra de plátanos y son miembros del equipo de futbol local. La suerte les sonríe cuando un visor los descubre por casualidad y son fichados para jugar en grandes equipos, aunque Tato nunca olvidará su deseo de ser un cantante famoso. Cuando están a punto de hacer realidad sus sueños, deben enfrentarse a una rivalidad innata y a sus propios demonios y limitaciones.
Lejos de ser una película épica del deporte como las descritas anteriormente, Rudo y Cursi es un retrato descreído, irónico y casi naïf del universo del futbol que el cineasta usa para adentrarse en la relación entre dos hermanos, mostrando un camino donde no se tiene reparo en explorar, con afán cómico y apartado de posturas trascendentales y profundas, las miserias que habitan y corrompen lo que rodea al balompié.
Aquí, Beto, El Rudo, es el portero que ama el juego y es esclavo de sus vicios; Tato, El Cursi, el delantero que en realidad quiere ser cantante de música norteña (dejándonos el inolvidable cover de Quiero que me quieras). La crítica al sistema se da a través del personaje de Batuta (el promotor), que muestra el lado oscuro de los fichajes, que ven a los jugadores como mercancía, lo que, a veces, lleva a perder el amor por el balón en el proceso. Es un sistema que prostituye el deporte cuando están de por medio el patrocinio, el dinero y la fama, dejando de lado su significado real.
Esto se refleja hoy en día en los precios de los boletos para los partidos del mundial, inalcanzables para los verdaderos aficionados, dejando la asistencia únicamente al alcance de quienes tienen mayor poder económico, así como aquellos que logran vender sus casas o hipotecarlas para tener la oportunidad de apoyar a su selección en el estadio.
El tercer acto. La pasión mexicana: fraternidad y sueños de barrio
En un tono más luminoso y nostálgico, Atlético San Pancho (2001), dirigida por Gustavo Loza, se erige como un pilar del cine familiar mexicano. La cinta nos recuerda la pureza del juego infantil: niños que, sin nada más que una pelota y un sueño, logran unir a una comunidad entera. Es el recordatorio de que todo gran ídolo comenzó en el llano.
Es un clásico del cine mexicano que narra la historia de un grupo de niños que deciden formar su propio equipo de futbol: Atlético San Pancho. El filme es recordado por su mensaje sobre el trabajo en equipo y por contar con las actuaciones de Plutarco Haza, y una de las últimas apariciones en cine del actor Héctor Suárez, al lado de un joven Giovanni Florido. Es, sin duda, una de las cintas que muestra la inocencia del deporte amateur. Se pone de manifiesto el valor de la identidad cuando un niño que no tiene equipo decide armar uno, lo que resuena en los espectadores porque refleja la realidad de muchos barrios en México. Más que un lugar, San Pancho es la representación del futbol de tierra, de las rodillas raspadas y de la comunidad que se une por un sueño común.
Aparte de llevar al equipo a ganar el campeonato, la película profundiza en la superación de los obstáculos sociales y en la importancia de figuras paternas o de mentores que crean en los niños cuando nadie más lo hace.
Sin embargo, en el presente, al lado de los cambios culturales y sociales que se han sucedido, esta cinta ya estaría cancelada por los «progres» y por la gente conservadora. Recordemos que la película muestra actitudes gordofóbicas como chistes, además de maltrato animal y machismo al puro estilo mexicano. Un par de niños son constantemente atacados por su aspecto físico, no sólo por otros niños, sino también por los padres de familia, la directora de la escuela y el entrenador del equipo, quienes no dejan de hacer comentarios sobre su peso. Existe un personaje llamado Renato, El Torta, quien más ataques recibe durante toda la historia, y aunque él no se haya enojado en su momento, hoy en día un personaje así se sentiría muy incómodo en el cine. Esta era la moral de hace veinte años; no obstante, algunas formas del feminismo también están presentes, lo que la adelantó a su época. Maru es la única niña que juega en el equipo, y humilla con su actuación a los niños que anteriormente se burlaban de ella en la cancha.
Último acto. La comedia, la fantasía y el espectáculo: el futbol sin límites
El cine permite que el futbol rompa las leyes de la física. Shaolin soccer (2001) es un festín visual que une el kung-fu con el balompié; la prueba de que el futbol es tan flexible que puede albergar comedia, efectos visuales imposibles y una narrativa de superación personal que, aunque absurda, resulta profundamente inspiradora. Esta comedia trata la corrupción del futbol y los negocios que se cierran con los partidos para beneficiar determinadas apuestas. En la historia, el jugador estelar cae en desgracia al fallar un penalti, por lo que busca la renovación, el perdón y ganarle al entrenador corrupto. Reúne a un equipo que cree que con jugar futbol puede promocionar y dar a conocer el karate shaolin. Así toma fuerza la narrativa cómica al formular los entrenamientos del equipo al estilo Karate Kid, utilizando la masa para bollos para tener coordinación, las latas de refresco para aprender a patear después un balón y el desarrollo de las habilidades fantásticas que tiene cada uno de estos jugadores para desafiar al equipo ganador del torneo y a su entrenador: «la pierna de oro». Las escenas y los efectos especiales muy al estilo de El tigre y el Dragón son espectaculares.
No quiero dejar de mencionar El penalti más largo del mundo (2005), una comedia española sobre un portero suplente que debe enfrentar el penalti definitivo una semana después de que se suspendiera un partido.
El silbatazo final
El futbol no sólo se juega en los grandes escenarios de la historia o bajo la presión de la supervivencia bélica. Una vez que el balón recupera su esencia más pura, lejos de los conflictos armados, se convierte en la semilla de la identidad local. De la lucha por la libertad individual en los campos de concentración, saltamos a la construcción de un sueño colectivo en los barrios de México, donde el juego deja de ser una vía de escape para transformarse en el motor de una comunidad.
Cuando el juego pasa de ser un asunto de niños a convertirse en una carrera por el éxito, los valores de la comunidad se ven puestos a prueba por la ambición personal. Al recorrer estas historias, queda claro que el cine no busca simplemente filmar partidos de futbol, sino capturar la emoción que este deporte genera. Ya sea como un acto de rebeldía ante la opresión, como el elemento que une a un pueblo olvidado o como el espejismo de una fama que se desvanece, el balón funciona como un catalizador de emociones que todos reconocemos.
Estas películas nos enseñan que el futbol es, en esencia, una metáfora de la vida misma, un espacio que hace posible que el trabajo en equipo contenga a la tiranía, donde los sueños infantiles tienen validez y las caídas personales son una pieza más del juego. Al final, cuando los créditos ruedan y las luces del estadio se apagan, nos queda la certeza de que, mientras haya un balón y una cámara, siempre habrá una historia extraordinaria que contar. El cine y el futbol seguirán siendo, por siempre, los mejores aliados para narrar la búsqueda incansable de triunfo y redención.
