«Soy como un jugador de tercera división…
Mis mejores goles los metí en una cancha polvorienta de los suburbios
ante cuatro hinchas borrachos que no se acuerdan de nada.»
— Julio Ramón Ribeyro
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Final de la copa del mundo Qatar 2022. Muerte súbita. Último penal de la tanda. Narración de Rodolfo de Paoli, comentarista argentino: «es el penal soñado por cualquier pibe que arrancó a jugar en los baldíos, en el barrio, en la casa, en la vereda, en el pueblo, en la plaza, y ese es Montiel. Somos todos Montiel, Gonzalo vamos, ¡Montiel al arcooooooo… goooooooool!» [d]
A / B. Demián Flores, Cómo ser goleador, impresión fina sobre papel de algodón, 2009
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Argentina campeona del mundo. El futbol, como la muerte súbita, disfruta de la ironía: toma a un chico del barrio, lo vuelve un santo y lo vende en euros. Ya después lo devolverá como marca registrada o expediente fiscal, «en esa ilusión de potrero, en ese sueño argentino, el de Kempes, el de Di Stéfano, el de Maradona, el de Messi…» [d] pero estos no son sólo nombres de biografías imborrables para cualquier argentino, o para cualquier fanático del futbol, son estaciones de un negocio que aprendió a disfrazarse épicamente mientras facturaba como industria en el mercado de fichajes. [f]
Mario Kempes, el «Matador», quien trabajara en una carpintería y que a los 17 años tomara un ómnibus de más de tres horas para irse a probar suerte en los campos de entrenamiento, en donde metió dos goles en los primeros 15 minutos para, así, ser contratado de inmediato por el Instituto de Córdoba, que dos años después, en 1974, recibiría del club Rosario Central 130 millones de pesos argentinos por su compra, anunciando, por ese supuesto, lo indiscutible de su figura para 1978. Ese año, el Mundial en casa, organizado por la dictadura de Videla [1], que entendió el futbol como propaganda de alta eficiencia. Fiesta afuera, silencio adentro. Kempes no fue vocero del régimen, pero su figura quedó adherida a esa postal donde el espectáculo amortiguó la violencia [a][e]. Meses después, su salto al Valencia CF y al futbol europeo confirmó el patrón: el talento sudamericano que se exporta como emoción en bruto hacia ligas con mayor capital hace que el barrio no desaparezca, sino que se convierta en un maravilloso prólogo vendible.
Pero antes de Kempes, Alfredo Di Stéfano, hijo del barrio de Barracas y de un italiano naturalizado argentino y una madre de ascendencia francesa de clase media baja. Partió de Buenos Aires al Real Madrid; su carrera coincide con la profesionalización del espectáculo y su cercanía incómoda con el poder. En la España de Franco [2], ganar también era proyectar orden y prestigio internacional [b]. Di Stéfano no necesitó de discursos políticos; su futbol bastó para sostener una narrativa útil. El juego ya comenzaba a parecerse más a una empresa con los objetivos claros de dominar dentro y fuera de la cancha. Lo que generó, quizá, que el 26 de agosto de 1963 Di Stéfano fuera secuestrado en Caracas por miembros de las Fuerzas Armadas de Liberación Nacional de Venezuela (FALN), un grupo guerrillero que operó durante los años sesenta y que aprovechó que el club madridista disputaba la Pequeña Copa del Mundo de Clubes para realizar la operación que fue dirigida por algunos combatientes, entre los que se encontraba Paúl del Río, alias «Máximo Canales», quien manifestó que el trato dado al famoso futbolista fue siempre amistoso y cordial, a pesar de los momentos de tensión que se derivaron de esta acción que buscó llamar la atención de la comunidad internacional sobre la situación social y política que enfrentaba Venezuela, emulando otro secuestro, el del piloto argentino Juan Manuel Fangio en La Habana en 1958, que tenía como objetivo humillar a la dictadura de Fulgencio Batista [3] y denunciar ante la prensa internacional la situación política de la isla, impidiendo que el automovilista participara en el Gran Premio de Cuba. Además, cabe señalar que en el caso de Di Stéfano el operativo del secuestro fue bautizado con el nombre de Julián Grimau, en homenaje al político comunista español ejecutado por la dictadura franquista. [g]
C. Demián Flores, Cómo ser goleador, impresión fina sobre papel de algodón, 2009
Un verdadero parteaguas vendría de Villa Fiorito para el mundo. Diego Armando Maradona llevó el barrio consigo a cada esquina del mundo que pisó. En 1986 firmó en México un acto de teología popular, la famosa Mano de Dios y el Gol del Siglo como revancha simbólica de lo que aún ardía entre Inglaterra y Argentina tras la Guerra de las Malvinas; dos jugadas que, en minutos, transformaron la derrota militar en una victoria imaginaria, como si el futbol —ese viejo oficio del engaño permitido— pudiera, por un instante, reescribir la historia que la política había sellado [c][e]. Pero había sido fuera de la cancha donde «El Diego» había elegido bando también. Su cercanía con Fidel Castro [4] y Hugo Chávez [5] lo volvió incómodo para un mercado que prefiere ídolos sin aristas e ideologías políticas. Así que después de un rotundo fracaso por las élites catalanas, para el SSC Napoli fue más que un jugador; Maradona fue bandera de un sur pobre contra un norte rico, fue el sueño del débil derrotando al poderoso. Pero como toda bandera humana, terminó por desgarrarse. Adicciones, sanciones, excesos. El sistema lo celebró mientras rendía frutos, pero lo exhibió cuando dejó de ser rentable y, aún así, incluso en la caída, Maradona dejó una frase que terminó convirtiéndose en símbolo de su propia contradicción: «Yo me equivoqué y pagué, pero la pelota no, la pelota no se mancha». Era el 10 de noviembre de 2001, durante su partido de despedida en La Bombonera de Boca Juniors, frente a miles de personas que lo seguían venerando pese a los escándalos, las sanciones y su deterioro físico. No era una absolución, sino una separación entre el hombre y el juego. Él podía estar roto, pero el futbol —ese territorio donde había sido dios y niño al mismo tiempo— debía permanecer intacto. Diego Armando no resolvió la contradicción entre pueblo y élite; la convirtió en espectáculo, y, al mismo tiempo, en una dulce tragedia.
Pero es cierto, toda gran obra necesita su compás de silencio. Lo que Maradona no consiguió en Cataluña, sí lo hizo Lionel. Con Messi, el conflicto se vuelve mutismo. No irrumpe, es cultivado, tratado y formado por el FC Barcelona; su historia pertenece a la era de la optimización, talento gestionado desde la infancia, imagen pulida, discurso mínimo [h]. Incluso sus controversias —como los problemas fiscales en España o su visita a la Casa Blanca con el Inter Miami CF—, parecen actos administrativos, no existenciales. Pero es cuando levanta la Copa del Mundial en 2022 que el relato cierra con precisión industrial. El niño humilde llega a la cima, sí, pero dentro de un engranaje global que ya no necesita del potrero para existir, sólo de su indiscutible mito.
Así, el futbol no ha abandonado el barrio, más bien lo ha reciclado. La infancia difícil sigue siendo requisito narrativo, pero ahora funciona como sello de autenticidad en un mercado saturado. Kempes, símbolo atrapado en la propaganda; Di Stéfano, engranaje del poder; Maradona, exceso indomable; Messi, perfección administrada. Cuatro momentos de una misma historia, la del juego que nació como desorden y terminó como industria [f]. Y sin embargo, algo resiste. En una calle sin cámaras, en el césped de cemento, donde la pelota rebota contra la pared y nadie firma contratos, el futbol todavía ocurre primitivo. Ahí no hay balances, ni patrocinadores, ni grandes hinchadas, ni contratos multimillonarios. Sólo existe un juego y, con él, un sueño todavía.
C. Diego Armando Maradona dominando un balón durante una sesión fotográfica. Fotografía publicada por CONMEBOL, La leyenda de Diego Armando Maradona, 30 de octubre de 2023
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Por cierto, Gonzalo Montiel quedó postrado en la eternidad por aquel último penal que los hizo campeones del Mundial en Qatar 2022. Ese gesto mínimo, que transforma a un hombre en mito, lo dejó colgado en una constelación imborrable, aunque después la vida siga su curso menos épico; más partidos, más fallas y aciertos, regresos, rumores, la rutina que lesiona incluso a los más dotados. Porque así es este juego, levanta estatuas con una jugada y al día siguiente las deja a la intemperie. Finalmente, es en esa grieta entre lo inmortal y lo humano, donde el futbol revela su verdad más incómoda, pues ningún ídolo se salva de sus propios errores, ni siquiera aquel que alguna vez tocó el cielo.
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[1] Jorge Rafael Videla (1925-2013). Militar y dictador argentino que gobernó de facto entre 1976 y 1981, tras liderar el golpe de Estado que derrocó a la presidenta Isabel Perón el 24 de marzo de 1976. Su régimen encabezó el «Proceso de Reorganización Nacional» y se caracterizó por el terrorismo de Estado.
[2] Francisco Franco (1892-1975). Militar y dictador español. Lideró el golpe de Estado de 1936 contra la Segunda República, lo que desencadenó la Guerra Civil Española (1936-1939). Tras ganar el conflicto, gobernó España bajo una dictadura autoritaria hasta su muerte.
[3] Fulgencio Batista (1901-1973). Militar y político cubano que gobernó Cuba en dos periodos marcados por el autoritarismo, la corrupción y el respaldo de Estados Unidos: primero como presidente electo democráticamente (1940-1944) y luego como dictador tras perpetrar un golpe de Estado (1952-1959).
[4] Fidel Castro (1926-2016). Abogado, militar y político cubano que lideró la Revolución Cubana, derrocando al dictador Fulgencio Batista en 1959. Gobernó Cuba durante casi 50 años, instaurando el primer Estado socialista de América Latina.
[5] Hugo Chávez (1954-2013). Militar y político venezolano que gobernó como presidente de su país desde 1999 hasta su muerte en 2013. Fundador del movimiento político y social conocido como Revolución Bolivariana y Socialismo del Siglo XXI.
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Referencias
[a] Archetti, Eduardo P. Masculinidades: fútbol, tango y polo en la Argentina. Buenos Aires: Antropofagia, 2003.
[b] Ball, Phil. Morbo: la historia del fútbol español. Madrid: Debate, 2004.
[c] Burns, Jimmy. Maradona: la mano de Dios. Barcelona: Debate, 2011.
[d] Franco19. «Argentina vs Francia | Penales completos | Final Qatar 2022 | Relato Rodolfo De Paoli.» Video de YouTube, 6:50. Publicado el 18 de marzo de 2026. https://youtu.be/BOx9X0gDgFY.
[e] FIFA. Archivos de la Copa Mundial de la FIFA (1978, 1986, 2022). s. f.
[f] Goldblatt, David. The Ball Is Round: A Global History of Soccer. New York: Riverhead Books, 2008.
[g] «Di Stéfano: Historia de un secuestro» El Mundo. 7 de julio de 2014. https://www.elmundo.es/deportes/2014/07/07/53b83dadca4741935e8b4577.html.
[h] Wilson, Jonathan. La pirámide invertida: la historia de la táctica en el fútbol. Madrid: Capitán Swing, 2012.
