«El futbol es lo más importante
de las cosas menos importantes.»
— Jorge Valdano

El futbol como manifestación de la cultura puede verse y analizarse desde diversas perspectivas: el arma más enajenante frente a la sociedad, una actividad que apoya a la juventud, un negocio lucrativo en exceso, la unión de naciones o grupos que políticamente se odian en una cancha. El listado es interminable. Todo esto se nos presenta desde diferentes ángulos sociales, literarios, antropológicos, educativos, por mencionar algunos. Particularmente en el campo económico, este deporte ha sido sumamente criticado por escándalos diversos.

Lo cierto es que este deporte es una forma de diversión que mueve al mundo en diferentes ángulos, desde la creación de sus reglas en Inglaterra a finales del  siglo XIX y su expansión en las siguientes décadas inicialmente en Europa y América, y posteriormente a lo largo y ancho del planeta. Su éxito se debe en gran medida a la simplicidad de su desarrollo con una pelota, así como la disposición en su forma de juego, a diferencia de otros deportes que requieren materiales especiales para su desarrollo, como bastones, raquetas o manoplas. Más aún, presenta cierta naturalidad patear un esférico como parte de la diversión y comunión casi en cualquier ámbito: trabajo, escuela, pasatiempo, en las calles o en los ratos de descanso y ocio.

Su popularidad se extendió cuando a principios del siglo XX fue incluido en el programa olímpico y posteriormente se organizó una competencia donde exclusivamente se desarrollaría este deporte, en 1930, en Uruguay. Para ese momento, muchos países, ya se habían organizado con ligas de competencia profesional en Europa y Sudamérica, dando pie a que se iniciara el proceso de comercialización del futbolista profesional. Con un total de 23 ediciones, incluyendo la de 2026 en Norteamérica, este torneo ha crecido económicamente desde sus inicios hasta convertirse en un negocio multimillonario para la FIFA y sus países asociados.

Víctor Mora, Camara húngara, todos tras un balón, fotografía digital, 2025.

Dejar que otros se encarguen de costos operativos forma parte del negocio, ya que este monstruo corporativo no hace los estadios ni interviene en gastos para la mejora de los lugares donde se lleva a cabo el evento. Básicamente, los gobiernos de las ciudades sedes apuestan a las mejoras y gastos para que la derrama económica cubra lo invertido y obtenga ganancia sin que la FIFA intervenga. Todo esto sin contar las ganancias de los patrocinadores con ventas de productos y sin mencionar la forma en que muchos de estos se elaboran en procesos de maquila en países explotados; basta revisar etiquetas en prendas o calzado y leer «Made in Tailandia» o «Mae in Vietnam». Otro tema son las licencias digitales para la venta de productos como, por ejemplo, videojuegos. Negocio redondo. 

De inmediato vienen a la cabeza las palabras de Jorge Valdano «El futbol es lo más importante de las cosas menos importantes». Un personaje único por su desempeño en canchas y por su forma de reflexionar y ver este deporte, por sus jugadas y su diagnóstico preciso y casi poético de este espectáculo deportivo; el análisis situacional en táctica y su asociación de ideas con las emociones que se gestan, sin dejar de lado el tan ansiado gol que se ahoga en los gritos del aficionado. Es por lo anterior que creo en su honestidad al apreciar y opinar sobre este deporte. Al final, tiene toda la autoridad para que consideremos sus palabras por sus méritos y su andar en las canchas, en el espacio estrictamente deportivo. Sin embargo, cuando se toca el tema desde el entramado económico, es inevitable pensarlo desde el concepto del homo economicus, un negocio que tiene como objetivo el maximizar ganancias y utilidades como un fin en sí, y de la forma más salvaje. Al saber cómo funciona el monstruo de la FIFA, esta organización se revela como un negocio multimillonario que maneja cifras exorbitantes con las que los optimistas, a veces, sueñan que algún día pueda existir un proyecto formativo que impulse de manera efectiva a los más marginados en el planeta, algo más allá del espectáculo de comercialización salvaje o de las ganancias económicas o políticas utilitaristas en el deporte de las patadas.

Víctor Mora, Camara húngara, todos tras un balón, fotografía digital, 2025.

México campeón del mundo 2026

Ciertamente el negocio del futbol, la publicidad y la propia fiesta mundialista invocan a apoyar a la selección; el mexicano espera que, ahora sí, seamos campeones  del mundo, superando resultados de México 70 o México 86. Seguramente si hubiera un mundial de aficiones, llegaríamos a la final o seríamos campeones. Tenemos la fuerza y la localía, que nos harán avanzar, y los gritos de la afición, que dan un superpoder para estar a la altura de las potencias. Al fin y al cabo, estamos en casa, aunque sólo se celebren unos cuantos partidos de este mundial 2026. Primer engaño comercial, por cierto, pero qué más da, que vengan las grandes selecciones, aquí las esperamos.

Lo cierto es que la realidad es otra. El mundial y su competencia podrían ser una especie de radiografía de lo que sucede en muchos ámbitos del país. México quiere competir contra potencias que trabajan de forma distinta en estrategia, disciplina y trabajo a largo plazo, posiciones distintas a lo que se plantea en este negocio en nuestro país. Retomando las palabras de un reportero y narrador del medio televisivo, podemos aseverar que en México es complicado que un futbolista actualmente llegue a Europa, lugar donde existe el mayor nivel de competencia en el mundo, y posteriormente se coloque en clubes de alto rendimiento; es decir, ser un protagonista de la competencia. Esto sucede derivado de varios factores. En primer lugar, cuando un jugador mexicano ha llegado a Europa y por alguna razón no tiene oportunidades o el camino se vuelve difícil, éste toma la decisión del regreso, ya que se puede reacomodar en el mercado mexicano con un sueldo igual o superior al que ganaba en Europa; se prefieren el regreso y cierta comodidad a la lucha y el logro por jugar en alguno de los 15 o 20 equipos de élite europeos. El segundo factor está relacionado con la falta de producción de jugadores nacionales. En el circuito futbolero mexicano es sabido que el mercado compra jugadores extranjeros en lugar de producirlos; hay pocas oportunidades en un mercado cerrado. A diferencia de Sudamérica, donde prácticamente está casi prohibido regresar, ya que aquellas ligas, al producir jugadores, ocupan rápidamente los espacios dejados por quienes parten a Europa.

El futbol es un negocio, pero ¿por qué al ser un negocio, para variar, no se busca hacerlo bien? Tal parece que los dueños de los equipos en este país, al buscar un beneficio económico, pierden de vista la mejora de todo el conjunto, entre jugadores, entrenadores, técnicos, preparadores de todos los niveles, encargados de fuerzas básicas y tantos otros olvidados. No queda de otra; hay que ver este deporte tal como lo describe Juan Villoro: «Tenemos una liga diseñada para que haya un enorme éxito económico y un fracaso deportivo, parecerían cosas contradictorias, pero no lo son, porque triunfar en el deporte requiere de inversión, de tiempo, de paciencia, de planes de trabajo a largo plazo y en cambio ganar dinero se puede hacer de inmediato».

A. Víctor Mora, Dominadas Juan Moreno, Acetato impreso enmicado encapsulado, en frasco con agua densificada, 2026. B / C. Víctor Mora, Vilar, Acetato impreso enmicado encapsulado, en frasco con agua densificada, 2026

Como comunidad mexicana, sea deportiva, social, cultural, política, económica, educativa, tendemos a crear proyectos, pero seguimos la idea que todo lo anterior es desechable en su totalidad. Tal parece que nos persigue esa «peste del olvido», como la describe García Marquez en su literatura, esa fragilidad de memoria colectiva de una sociedad. En las diferentes manifestaciones o actividades, lo que nos caracteriza no es la continuidad en proyectos. Se sabe que trabajar con los jóvenes te hace forjar y crear bases para generar elementos para competir y obtener mejores resultados y alcanzar cierto nivel de bienestar o satisfacción. Particularmente en este deporte, México ha sido dos veces campeón del mundo en categorías infantiles (Sub-17), pero sé de primera mano que, por lo menos hasta el pasado 2025, que uno de los técnicos que hizo posible ese campeonato no tenía empleo. La lógica sería que los artífices de esos logros tuvieran que decir algo a sus homólogos; deberían estar dando conferencias a lo largo del país o hacer algo similar, pero al momento poco se ha replicado o al menos no se nota ningún tipo de continuidad: el olvido en su más amplia expresión. Para muestra un botón: en los medios de comunicación se habla de una selección limitada en desempeño deportivo en comparación con la elite mundial y; por otra parte, vemos a jugadores en múltiples anuncios comerciales que lo único que manifiestan es la manipulación de su imagen para un beneficio netamente económico.

No niego ser un aficionado del deporte de las patadas y que los partidos me emocionan; sin embargo, se debe tener límites para apreciarlo y no caer en el consumo desmedido o en la ilusión y el engaño de los dirigentes que pretenden vender una selección que apenas tiene posibilidades de competir hasta cierto nivel. Me gustaría que nuestra selección llegue lejos, pero eso no se logrará con un buen golpe de suerte; lo que se necesita es trabajar desde las bases, tal como se debe hacer con el resto de lo que se hace en este país. Partir de la educación, la cultura o el deporte sería un buen inicio. Nadie está peleado con hacer algo de negocio, pero para desarrollar algo importante en lo deportivo o en cualquier otro ámbito, deben generarse caminos que proyecten algo más que una comercialización desmedida y mezquina, con posibilidades reales en el trabajo y una visión de crecimiento continuo que vaya más allá de una administración que descalifique lo que se ha hecho antes. En fin, hay mucho que externar y mucho más que trabajar.