ARTE EN CONFLICTO | ANTONIO PLIEGO |
Imágenes de Adallys Madrigal y Karlos A. Lopez Hinojosa |
El principio del futbol es totalmente lúdico, se trata de un juego simple: bastan dos trapos, piedras, palos o lo que se tenga a la mano para delimitar una portería, un balón y un mínimo de dos jugadores —este es el famoso gol-para—; con cuatro o tres, si uno es un crack —las coladeritas—; cuatro o más ya hacen una cascarita. Se juega en los patios de cualquier edificación, en los jardines, en la calle, en el campo. No hay regla escrita y definida sobre dónde se puede (si acaso hoy en día, por seguridad, la calle dejó de ser un espacio de práctica deportiva). Los participantes van desde la edad en que pueden patear un balón hasta los que ya se ven impedidos por condiciones generalmente de edad avanzada. En resumen, cito la frase de un cronista, gritón por excelencia, Ángel Fernández: «¡El juegooo del hombre!».
No hay deporte más popular que el futbol, prácticamente no hay país donde, de un modo u otro no se practique. Se han adaptado diferentes variantes al juego original de once contra once en una cancha empastada con un mínimo de 64 por 100 metros y un máximo de 75 por 110 metros, y una portería en cada uno de los extremos de 2.44 metros de alto por 7.32 metros de largo. Las variantes son en reducción y tipo de cancha. Así, tenemos el futbol de salón, el futbol 7, el futbol 9 y el futbol de playa, las más comunes entre varias más. Hay profesionales y amateurs, hay hinchas, aficionados y seguidores de los equipos y, en casos singulares, seguidores de los jugadores. La pasión que despierta no tiene igual, y en algunos casos se transforma en fanatismo, de hecho es otro de los tantos modos de llamar a los aficionados, fanáticos.
«Promociones disputando la semifinal del torneo relámpago«. Fotografía de Karlos A. Lopez Hinojosa, 2025.
Cuando la selección mexicana juega en un Mundial, se paralizan las actividades con tintes y fervor nacionalista, podríamos decir religioso. Pertenecer a la selección como jugador o como parte del cuerpo técnico, (director técnico, preparador físico, auxiliar de porteros, auxiliar defensivo, auxiliar ofensivo, médico, utilero y anexas) es estar endiosado mientras ganas los partidos, y defenestrado y entregado al averno si pierdes. ¿Por qué? Por la pasión que provoca, porque es un parámetro de éxito, porque cuando se derrota a una potencia futbolística se sienten capaces de todo, porque nos vende la esperanza. Lo interesante es que la entidad rectora a nivel mundial, la famosa FIFA (Federación Internacional de Futbol Asociación) ha logrado ser una institución supranacional: tiene más países registrados que la ONU y maneja un presupuesto que muchas naciones quisieran. Entre sus atributos más importantes están los derechos de transmisión, cuyo alcance es tal que está perfectamente controlada y regulada la publicidad, tanto estática como de transmisión. Con este antecedente, nos preguntamos: ¿hay arte en el futbol? Sí, y mucho.
Para empezar, pondría la crónica deportiva de algunos reporteros, quienes describen un juego en pocos renglones. Con las jugadas más interesantes, aquello implica un manejo del lenguaje y de la estructura de las ideas muy avanzado: hacerse comprender con sencillez —lo que ya quisieran varios escritores—. Pondría en segundo término la fotografía deportiva, esa virtud de captar el instante, ya sea el rumbo del balón en un penalti, el portero que vuela para desviar un tiro, el juego rasante en los límites de una falta, los rostros de tensión y de alegría en el campo, la frustración de la afición derrotada, la alegría de la tribuna ganadora… en fin, momentos tan breves como una fracción de segundo en la que seguir la jugada y disparar el obturador se vuelve crítico. Eso hace la diferencia entre una buena foto y una que va al cesto de la basura. Son artistas cotidianos que nunca van a recibir ese título porque es «chamba», salvo que alguien se detenga y les haga un reconocimiento.
«La Interpelación del Juego». Fotografía de Adallys Madrigal (@f0t0_am), 2026.
El juego del futbol nos regala grandes momentos que pueden considerarse «arte» —lo pongo entre comillas para aquellos que se puedan ofender—. Ver una jugada de precisión entre dos o más compañeros de equipo parecería por un momento realizada por la gran coordinación que poseen los bailarines de ballet. Lo malo: el balón no siempre va por donde ellos quisieran, además de que los defensas no son de palo. Otro ejemplo es el regate, driblar, engañar y pasar sobre el rival con el balón pegado al pie. Es una de las expresiones más estéticas de dicho deporte, y con grandes ejecutantes, como Pelé, Garrincha, Maradona, Ronaldinho, Zidane, Cruyff, Cristiano Ronaldo, Messi y toda la pléyade de otros jugadores, incluyendo, por supuesto, a Hugo Sánchez. Y qué decir de los vuelos y atajadas de los porteros que parecen detenerse en el tiempo para desviar o atrapar el balón. No se trata de ballet, ni siquiera de una coreografía estudiada. Es pura y simple primera intención en el movimiento que podemos registrar, de algún modo, como artístico. Aunque si nos apegamos a una de las definiciones de arte, en una de sus acepciones, es «el dominio de una actividad». Con esto ya se podría armar una polémica sabrosa y divertida entre aquellos que quisieran meterse a discutir, para terminar concluyendo, después de una serie de elucubraciones, sesudos análisis y orgasmos mentales, que nadie va a cambiar su posición. ¡Ah! ¡Pero cómo nos divertimos!
Dentro de las grandes expresiones de arte en las que el futbol es fuente de inspiración, nos podemos encontrar con las futbolistas de Ángel Zárraga, los pósteres de Leroy Niemann, la escultura de Alexander Calder del Azteca, instalaciones como la de Rodrigo Ímaz, los emblemáticos pósteres con grandes fotografías de diferentes mundiales, los diseños adaptados a los balones en diversas competencias, las mascotas de los países, que son grandes aportaciones al diseño gráfico, y los trofeos, que van desde uno simple hecho para la liga infantil, pasando por todas las categorías en las que el tamaño sí importa. He visto, incluso, trofeos de cinco pisos, con sus figuras de futbolistas, balones, águilas, etcétera. Y sus dos máximas obras, el trofeo Jules Rimet, que se quedó en Brasil: una Niké (diosa de la victoria) creada por Abel Lafleur, con un diseño limpio, muy Art Deco, hasta la actual Copa FIFA, realizada por Silvio Gazzaniga, donde se puede ver la conjunción de dos cuerpos, que no llegan a ser Atlas, pero que sostienen una esfera. Me limitaré a dar una conclusión acá: al igual que otras actividades del hombre son fuente de inspiración para diversos artistas, el futbol también lo es y lo seguirá siendo.
«Tanda de penales para el desempate«. Fotografía de Karlos A. Lopez Hinojosa, 2025.
