A propósito de la exposición individual De los pies las voces, desarrollada del 5 de junio al 6 de julio de 2025 en el Espacio Venancio Shinki del ICPNA de Miraflores (Lima, Perú).

Imágenes de Nuria Cano Erazo

Con más de una década en escena, el horizonte de la artista plástica Nuria Cano Erazo (Lima, 1989) ha sido siempre inequívoco. Su obra no ha dejado de estar marcada por hitos en el desarrollo de una plástica que traduce las afecciones mentales, llevándola a escalas cada vez más ambiciosas. Ha dado cuenta de ello, anteriormente, en exposiciones como Deseos de agua y fuego (Espacio 218, Chile), Ira y tiempo: las figuras (MO, Perú) o Habitación en Lima (MASM, Perú), y ahora con De los pies las voces, como su registro más actual.

Largas jornadas de investigación, por años, en sanatorios y lugares de acogida, le han valido a la artista para profundizar en los desajustes de la mente humana. Esta vez, amplía su espectro a los exteriores, la vida pública —que no escapa a patrones de encierro— en una época en la que la salud mental se ve nocivamente asediada, lo que, muchas veces, nos coloca en situaciones de vulnerabilidad y carencia de herramientas para gestionar nuestras emociones. Pero que también arroja frutos de resistencia en esa dignidad por prevalecer y ser, por sobre los fenómenos de este tiempo: ya sea la violencia, la precarización de nuestras condiciones de vida, el exitismo, la depravación del poder político, la liquidez —utilizando un término de Bauman— de nuestras relaciones interpersonales, el declive de un sentido de comunidad, entre otros. Así pues, De los pies las voces ofrece tres enfoques fundamentales: a nivel colectivo, individual y otro enteramente somático (de los órganos).

Para su planteamiento, Cano ha hecho uso de diversas técnicas y soportes, pasando por lienzos, esculturas e instalaciones, según la necesidad de cada obra, y donde la pintura sigue siendo la protagonista en la búsqueda de la experiencia completa para el espectador, estimulando su viaje interior.

A. C.Z. Técnica mixta 120 x 90 cm.   |   B. N.N. Técnica mixta 120 x 90 cm.

Muros
(tríptico, 150 x 510 cm)

Para empezar, un tríptico de grandes dimensiones, que se presenta a modo de laboratorio social. En Muros confluyen diversas geografías (montaña, costa, urbe) con sus propios contextos e historias, pero entramados en dinámicas destructivas, que orillan a sus personajes a las afueras de un gran muro con el que se mimetizan, anulando su identidad. El muro es un símbolo de división, exclusión, y podríamos decir aquí también que de apatía, indiferencia. Pues la sociedad se destruye, deglute sus libertades, y quienes la protagonizan entran en una suerte de resignación, supervivencia, hasta donde les es posible resistir y avanzar, cada cual en su fortín personal, alejado el uno del otro, sugiriendo una falta de empatía y solidaridad, así como una poca voluntad o la impotencia de generar grandes cambios. Los trazos frenéticos y duros son sintomáticos; los incendios y las metamorfosis de ciertas criaturas se presentan como si fueran la consecuencia de un hábitat que se corrompe, de la misma manera en que la paleta de grises que enfunda a sus personajes, bajo cielos argénteos, traduce su animosidad.

Retratos
(Ocho lienzos de 120 x 90 cm)

Sin embargo, de ese deletéreo ecosistema, Nuria rescata un grupo de personajes. No al azar. Los ocho retratos, presentados en bloque con el mismo formato y técnica de aguada, insinúan historias contadas desde la vulnerabilidad, pero importando —a su vez— gestos de rebeldía frente a un sistema que pugna por apagarlos y olvidarlos. Tal es el caso de M.M., una anciana del Hogar Canevaro; M.C., el hombre de campo; C.Z., un minero tomado como rehén antes de ser ultimado (pintura que hace un guiño a N.N.). Miran al espectador, afirmándose, dotándose de una singularidad, rebatiendo narrativas que los reducen a estorbo, atraso o a una cifra más. No en vano es rojo el fondo que los arropa. Un color que representa la vida, el vigor, el amor, pero también la herida, el dolor.

C. Imágenes de la exposición individual De los pies las voces, 5 de junio al 6 de julio de 2025.
Espacio Venancio Shinki, ICPNA. Miraflores (Lima, Perú).

Hasta los órganos
(acuarela-instalación)

Pero no somos sólo lo que advertimos ni lo que pensamos ser por completo. Y en este punto, en el que el espectador ya entró en diálogo con estos mundos personales, la artista lo reta a ir aún más a fondo, a acercarse a esa cartografía, muchas veces ignorada y repelida, que traza los mapas de nuestras experiencias y emociones, y se vuelve síntoma, enfermedad. Hasta los órganos es una representación de lo que pueden llegar a ocasionar los problemas de salud mental dominantes en lo que va de este milenio: estrés, ansiedad, depresión, todo aunado a condiciones extremas de desgaste físico.

Con mucho acierto —y lejos de un ánimo efectista— Nuria disecciona el cuerpo humano mediante el recortable, generando un ejercicio de atención plena. Son pulmones, corazones, piernas, brazos, entrañas los que nos soportan y sostienen. Y en esto, el lenguaje del color es muy elocuente, constituyendo uno de los mayores logros de la exposición, pues es por el color que advertimos el estado de nuestros padecimientos, que nos hablan desde sus amarillos, verdes, rosas, grises, lo que evidencia, asimismo, un profundo conocimiento de la anatomía humana.

Todo ello, sostenido sobre una construcción precaria pero firme, que bien podría hacer alusión a nosotros como sujetos y a la extensión de nuestra materialidad como las herramientas de trabajo y las pertenencias personales, y que la artista ha convenido vestir de manera integral, con lo que logra crear una experiencia inmersiva de 360 grados.

Significativo también es encontrar por sobre todo ese trastorno a un robusto bebé naciendo y dando su primer grito de vida. Es un acontecimiento que puede sugerir renovación, esperanza, oportunidad, cambio generacional, evolución.

D. L.E. Técnica mixta 120 x 90 cm.   |   E. No nacido. Acuarela 120 x 90 cm.

Altares

No obstante, la artista entiende que toda esa memoria, ese esfuerzo, deben ser honrados, rescatados, tener su lugar. Pero no cualquier lugar, sino uno, como lo sugieren los altares, elevado, casi divino. Y ahí están los zapatos desgastados con todas las voces que nos asedian, los testimonios, el niño que no nació, las plantas que conjuran las angustias, bajo unas luces muy cálidas que invitan a detenerse, escuchar y escucharse. Ejercitar esa «otredad» muchas veces arrebatada. Así concluye, a manera conciliatoria, esta exposición.

Partes todas de una coralidad sumergida que De los pies las voces logra hacer audible y trascenderla en el espectador, quien no sólo sale tocado por la experiencia del color y las formas, sino por el cuestionamiento sobre su humanidad, su relación con los otros y el discurso real de su medio. Es una muestra individual que, definitivamente, se constituye en un paso adelante en los hallazgos de la artista y consolida a Nuria Cano Erazo como un referente importante de la plástica contemporánea.

Registro fotográfico: César Zamalloa
Portafolio de la artista: https://linktr.ee/nuriacanoerazo