Fascinados como estábamos con el engendro, aquel amado monstruo que concebimos, cuidamos y criamos con esmero, brindándole comida, buen beber, arrullos y mimos desmedidos, un buen día le sacamos de paseo.
Ahora no sabemos cómo hacer para meterlo en la jaula nuevamente. Le dio por adentrarse y retozar en la floresta. Ahora, de lejos, vemos con impotencia enormes praderas arrasadas.
La culpa del incendio la tuvo el bosque, señalan los expertos pirómanos bursátiles.

LOS SANTOS EVANGELIOS DEL BOLSILLO
Hay prisa, espanta, zurra duro
el lomo de las cifras iracundas
Lubrica el lucro, hostiga, hay ceros
que esperan ser preñados de sí mismos
Hay cifras cuya gula nos halaga
el tanto porcentual, hermafrodita
Fuera campa, tullida, la cordura
Fuera hay seres humanos, sensatez
que enarbola, sin asta, sus harapos
De este lado, no obstante, guarecidos,
sosegados del seso, cacareamos
el silabario que nos dictan
los santos evangelios del bolsillo
No cejes, suma, adula
las cuentas cruentas, danos siempre
nuestra rentabilidad de cada día
Para que un clic, tan solo un clic,
allí donde flaqueamos de latidos
nos abra una pantalla en nuestras mentes.
ARTISTAS MUY ARTISTOIDES
Prerrequisito erigirte ecuestre,
áureo, en tu propio
Departamento de Marketing
Paso siguiente: pericia de escualo
en estas aguas procelosas
Sin contoneo
no nos caldeas
Pasea las llagas propias
por las ferias del aplauso,
monopoliza los ¡OH!, los iAH!
con arrebatos líricos
de genio en pantuflas
Mercadotecnia del yo: prisa
por el podio, prurito
por la pasarela,
predilección por el codazo que
niega y desprecia los abrazos
Ponga otra ronda, la casa invita,
sobran medallas y Papa Fisco
paga los vasos rotos, no hay duda:
prerrequisito el Currículum
tu obra maestra suprema.

